Los basurales a cielo abierto tienen significativos impactos socioambientales que afectan tanto al medio ambiente como a la salud y calidad de vida de las comunidades cercanas.
Los basureros a cielo abierto son el lugar ideal para enfermedades transmitidas por vectores como moscas, ratas y mosquitos, lo que aumenta el riesgo de propagación de distintas enfermedades entre la población cercana.
La quema de desechos en estos sitios libera contaminantes tóxicos y gases nocivos que pueden causar problemas respiratorios y otros efectos adversos para la salud de las personas que viven cerca de estos sitios. Los daños a la salud humana pueden ser de diversa índole y diferente gravedad, según la incidencia de varios factores. Algunas de las recurrencias detectadas son problemas neurológicos, malformaciones congénitas, bajo peso al nacer, o enfermedades como dengue y cólera. El cáncer es otro tipo de enfermedad que se presenta en aquellas personas que habitan cerca de basurales.
La presencia de basureros a cielo abierto en áreas residenciales disminuye la calidad de vida de los habitantes locales, ya que genera olores desagradables, atrae plagas y crea un entorno visualmente desagradable.
La contaminación del suelo y del agua cerca de los basureros puede afectar negativamente la agricultura y la disponibilidad de agua potable, lo que a su vez puede llevar a conflictos sociales y económicos en las comunidades afectadas. La calidad de vida de las personas que viven cerca de basurales suele ser muy baja. Estas comunidades enfrentan múltiples problemas, como la falta de acceso a servicios básicos como agua potable, saneamiento, educación y atención médica. Además, la presencia de desechos y residuos en el entorno puede provocar un deterioro en la salud de los habitantes, aumentando el riesgo de enfermedades y problemas respiratorios.
Las comunidades que viven cerca de los basureros a menudo sufren estigmatización y discriminación debido al lugar en el que residen, lo que puede afectar su autoestima, su identidad y su capacidad para acceder a oportunidades educativas y laborales. Se les asocia con problemas de salud, malos olores, contaminación ambiental y precariedad en sus condiciones de vida. Esta estigmatización puede llevar a la discriminación y al rechazo por parte de sus vecinos y de la sociedad en general.
Además, estas personas suelen estar expuestas a diversos riesgos para la salud, como enfermedades respiratorias, infecciones y problemas de la piel debido a la presencia de desechos y residuos tóxicos en el basural. Esto solo agrava la situación de vulnerabilidad en la que viven.
Los residuos en los basurales a cielo abierto pueden filtrar sustancias tóxicas al suelo, contaminando las aguas subterráneas y superficiales. En los lugares donde se concentra basura se filtran líquidos, conocidos como lixiviados, que contaminan el agua del subsuelo de la que dependemos. Cabe aclarar que en los rellenos sanitarios los lixiviados no contaminan el agua ni el suelo porque están controlados y debidamente tratados. La presencia de aceites, grasas, metales pesados y ácidos, entre otros residuos contaminantes, altera las propiedades físicas, químicas y de fertilidad de los suelos. Los residuos sólidos abandonados en los basurales a cielo abierto deterioran la calidad del aire que respiramos, tanto localmente como en los alrededores, a causa de las quemas y los humos, que reducen la visibilidad, y del polvo que levanta el viento en los periodos secos, ya que puede transportar a otros lugares microorganismos nocivos que producen infecciones respiratorias e irritaciones nasales y de los ojos, además de las molestias que dan los olores pestilentes.